Por Jessica Enriquez

 

Oh mis hermosas mujeres

de sangre dorada y rostro terroso, 

tus huesos han escuchado 

la violencia del extraño 

 

has echado los brazos 

al aire limpio

vacante y silenciado 

un páramo de cadáveres 

sin nombre ni ojos

 

transmitir o transmutar 

un último destello de horror 

antes de desaparecer en 

la tierra seca

polvo a polvo 

 

Oh mis hermosas mujeres

con tus cuerpos de bronce, 

has llevado a nuestros hijos 

en lomos tallados en piedra 

 

has cruzado los campos de algodon 

a la tierra prometida 

fecundo y desmesurado  

en arbustos de tejo salvaje

en suburbios arenosos 

 

para trasplantar o volver a enraizar 

tus semillas a suelos extraños 

un desprendimiento quirúrgico del alma 

del cuerpo 

 

una patria que ya no es

hogar o refugio 

pero un rifle,

pólvora en los puños de tu hermano

 

la nación del llanto y el crujir de dientes 

 

Imagen destacada cortesía de Malaquías Montoya.

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